24 noviembre, 2017 5:29 pm

El hombre de la fe temeraria

Jack Coe, un evangelista usado por Dios

 

  • Fue considerado un predicador radical, ya que junto con otros hizo mucho para combatir los prejuicios raciales en la Iglesia.
  • A pesar de las situaciones que sufrió en su niñez y el problema de alcoholismo, Dios lo levantó para traer salvación y sanidad a miles de personas.

 

Jack Coe fue un gran varón de Dios utilizado en sanidad. También fue una figura de un padre amoroso y compasivo para los huérfanos que tenía en un hogar de niños. Nació el 11 de marzo de 1918, en Oklahoma, Estados Unidos. Su padre tenía el mal hábito de jugar pocker y beber. Cuando Jack tenía cinco años, su padre lo abandonó al perder los muebles y la casa por deudas del juego.

Su madre Blanche, se mudó con sus hijos a Pensilvania, donde trató de darles una vida decente, sin embargo tuvieron que vivir en un sótano. Mientras la hermana mayor cuidaba de los niños, su madre trabajaba de lavandera durante el día y asistía a la escuela de enfermería por la noche.

Para cuando Coe tenía nueve años, su madre se sentía abrumada por la responsabilidad de cuidar ella sola a sus hijos. Entonces llevó al niño y a su hermano a una casa muy grande. Después de hablar con las personas que vivían allí y despedirse de sus hijos, se alejó; dejó al pequeño Coe y a su hermano en los escalones de la entrada de un orfanato. Jack permaneció allí durante ocho años.

En ese tiempo, sabía muy poco sobre Dios. Cuando cumplió diecisiete años, comenzó a beber mucho, al poco tiempo se había convertido en un alcohólico como su padre. Una noche volvió a su casa nuevamente envuelto en el letargo del alcohol. Intentó dormir, pero no lo logró. Mientras buscaba un vaso de whisky, escuchó que alguien estaba con él en el cuarto. Sorprendido, notó que su corazón le estaba molestando. Comenzaba a latir, y luego se detenía.

Entonces Jack, escuchó una voz que le dijo: “Esta es tu última oportunidad”, “Te he llamado varias veces, y esta es la última”. Ante estas palabras, saltó de su cama y cayó de rodillas, llorando: “Oh, Dios, dame hasta el domingo. Si me das tiempo hasta el domingo, arreglaré mis cuentas contigo”. Llegó el domingo, y Coe no tenía idea de adónde ir. Así que fue a su oficina para buscar en la guía telefónica. Tomó el grueso libro y lo dejó caer, y al abrir los ojos, vio el nombre y la dirección de una iglesia nazarena y fue para allá.

Después del sermón, cuando el pastor preguntó si alguien quería ir al cielo, y dijo: “Tenemos para usted una experiencia en la que puede nacer de nuevo”, Coe corrió hacia el altar, mientras gritaba: “¡Eso es lo que yo quiero! ¡Eso es lo que yo quiero
Durante los seis meses siguientes, Jack Coe fue un hombre hambriento por la Palabra de Dios. Iba a la iglesia todas las noches y allí se quedaba hasta la madrugada. Devoraba la Biblia, y muchas veces se imaginaba ocupando el lugar de ciertos personajes bíblicos. Su madre, a través de su testimonio también encontró al Señor.

Un año y medio después de ser salvo, Jack se encontró con una iglesia pentecostal donde recibió el bautismo del Espíritu Santo. Lo único que pudo hacer durante los tres días siguientes, fue hablar en lenguas. Para hacerse entender en inglés, tenía que escribir en un papel.

Desde 1939 a 1940, Coe asistió al Instituto Bíblico Southwestern, de las Asambleas de Dios en los Estados Unidos. Mientras estudiaba allí, conoció a una joven llamada Juanita Scott. Después de algunos años se casaron, durante este tiempo, también comenzó a orar y pedir entendimiento con relación a la sanidad divina. Su hermana tenía neumonía doble y los médicos habían dado por perdidas todas las esperanzas. Coe fue inmediatamente a verla y cuando entró a la habitación en el hospital, supo que después de una serie de críticos eventos totalmente fuera de lo común, Dios había sanado a su hermana a último momento.

 

Un moderno diluvio
Coe también estuvo presente cuando se produjo la inundación más grande de la historia de los Estados Unidos, en la ciudad de Kansas. Antes de llegar a la ciudad, soñó con una gran inundación que cubría todo. Pero esto no lo detuvo: levantó una gran carpa. Dios hablaba de juicio en las reuniones, por medio del don de profecía, pero la mayoría de la gente ignoraba las advertencias. Algunos de ellos, riendo y burlándose, abandonaban las reuniones. A pesar de eso, Jack siguió sintiéndose algo inquieto en su espíritu y durante dos noches no pudo dormir hasta que decidió desmontar la carpa.

Mientras se dirigía a quitarla, la gente comenzó a cuestionar sus motivos. “¿Qué está haciendo?” “¿No habrá culto esta noche?” “No creo que haya nada de qué preocuparse.” “Lo máximo que podría hacer el agua si el río subiera, sería mojar las sillas.” “No hay peligro de que el agua rebase los diques.” “No deje que el diablo lo detenga”, pero Dios le había hablado claramente a Coe y le había dicho: “Saca la carpa de aquí”.

A las 7:30 de la noche, el equipo que le ayudaba no había hecho grandes progresos quintando la carpa, así que Coe los organizó, urgiéndolos para que se apresuraran. Estaban para bajar la parte del techo, cuando otro ministro se acercó y le dijo: “No levantes la carpa. Dios puede cuidarla”. A esto, Coe respondió: “Sé que Dios puede cuidar de ella, y por eso es que la estoy levantando. Dios me dijo que la quitara, y voy a quitarla”. Finalmente, tres horas después, mientras sacaban la última estaca, el arrancador se trabó y no pudieron moverlo ni un solo centímetro más.

En ese mismo momento, todos los silbatos y las sirenas de la ciudad comenzaron a sonar a todo volumen. Y llegó el aviso: “¡Los diques se están rompiendo!” Cuarenta hombres comenzaron a trabajar con Coe para cargar la lona. Cuando terminaron, salieron rápidamente de la ciudad. Después de haber hecho todo lo posible, y mientras cruzaban el puente hacia un lugar seguro, y al mirar atrás, Coe vio que en el lugar donde había estado la carpa, el nivel del agua era de aproximadamente seis metros. La carpa habría quedado completamente destruida.

 

Una muerte temprana
En diciembre, mientras predicaba en Hot Springs, Arkansas, el gran evangelista de la sanidad cayó gravemente enfermo. Era un hecho sabido que Coe había descuidado terriblemente su propia salud. Tenía un programa de actividades sumamente riguroso, con tres reuniones por día, durante tres a seis semanas por campaña. El exceso de trabajo, el estrés y la falta de reposo necesario, pronto se hicieron sentir en su salud. Debido a los desgastes trabajos a los que sometía su cuerpo, se dice que su organismo era el de un hombre de noventa años.

Al principio, Jack pensó que estaba sufriendo de agotamiento, pero pronto llegó el diagnóstico: polio. Su esposa quiso que lo internaran en un hospital, y él accedió para dejarla tranquila. En el hospital, permaneció inconsciente la mayor parte del tiempo. Hubo muy pocos momentos en que pudo recobrar la capacidad de hablar y hacer conocer sus deseos. Según su esposa, el Señor habló a Coe y le dijo que se lo llevaría a su Casa (el cielo), y fue a principios de 1957, que Jack Coe murió para estar con el Señor. Su ministerio, simplemente había cumplido su propósito.


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