19 febrero, 2017 10:25 pm
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La adoración por medio de la música en el culto público

El tiempo de adorar a Dios por medio de la música ha tomado un lugar importante en el programa del culto público.  Sin embargo, muchas veces no va mucho más allá de una actividad o de un ritual que cumplir en la agenda de la celebración.

De ahí deriva la importancia de analizarnos individualmente y como comunidad de hijos de Dios, acerca de ese tiempo que pasamos en la presencia del Señor adorándole.  Ciertamente, la adoración  no se trata de nosotros, se trata de darle la gloria y honra a quien lo merece, y eso se puede hacer sin la música.  Mucho se ha hablado de la importancia de entender que la adoración es una forma de vida, es entregar el quehacer cotidiano como ofrenda al Señor: nuestros pensamientos, nuestras interacciones, nuestras responsabilidades,  y de esta manera esforzaros en agradar a Dios y glorificarlo.  Recordamos las palabras de Pablo: Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”.  (Colosenses 3:23).

Sin embargo, el tiempo de adorar con la música tiene un poder especial.  La Biblia una y otra vez nos regala imágenes de seres angelicales o humanos alabando al Señor por medio de la música.  Observamos cómo en estas circunstancias se manifestaba la presencia del Señor:

“Cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban todos a una, para alabar y dar gracias a Jehová: y a medida que alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre: entonces la casa se llenó de una nube, la casa de Jehová.” (II Crónicas 5:13)

 Recordemos también una escena en la que Pablo y Silas comienzan a orar y cantar en la cárcel:

“Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban.  De repente se produjo un terremoto tan fuerte que la cárcel se estremeció hasta sus cimientos.  Al instante se abrieron todas las puertas y a los presos se les soltaron las cadenas.” (Hechos 16:25-26).

El poder de Dios se manifestó una vez más sobre la naturaleza y sobre la materia inerte, pero más allá de eso, ¿cuántas veces, cuando hemos adorado al Señor con la música, él estremece nuestras almas y rompe las cadenas en nuestros interiores?.

Que el Señor haya creado la música como un medio para conectarnos íntimamente con él, no es gratuito. Los estudios en musicoterapia, han comprobado que  la utilización adecuada de la música posee efectos positivos en las emociones y motivaciones, ésta beneficia la interacción, especialmente la comunicación, facilita espacios de reflexión, promueve el aprendizaje y la organización, satisface necesidades emocionales y físicas, de manera que ayuda a tener una mejor calidad de vida, no solo potencia áreas mentales y emocionales, sino que las puede restaurar.  Lo anterior se debe a que la música promueve la liberación de la hormona oxitocina, que nos ayuda a controlar el estrés, el temor y la ansiedad; además, incrementa la secreción de dopamina, neurotransmisor asociado con la motivación, concentración y el bienestar.  De manera que, cuando oramos, adoramos, alabamos utilizando la música, ésta nos ayuda a comunicarnos con el Señor, a concentrarnos en él, a descansar en él, a reflexionar, y todo esto es lo que beneficia este momento de conexión con el Omnipotente.

“Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón.” (Salmo 9:1).  Si tenemos el propósito de  alabar al Señor con todo el  corazón, no solo debemos entregar nuestras emociones, debemos sumergirnos en el estudio de la palabra, y si Dios nos ha dado habilidades musicales para ministrar por medio de la música, tenemos el deber de estudiar la música a profundidad, ese es un acto de amor al alabar.

Tal y como dijo el Rey Salomón: “No voy a ofrecer al Señor mi Dios holocaustos que nada me cuesten” (2 Samuel 24:24).  El sabio Salomón advierte el valor del sacrificio en el cumplimiento de esta misión encomendada por Dios.

El apóstol Juan nos hace ver que: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).  El ministerio de la adoración por medio de la música, implica pasar tiempo a solas con Dios, alimentando nuestro espíritu glorificando al Señor; implica tomar tiempo para aprender por medio de su palabra cómo él quiere ser adorado e implica capacitarnos musicalmente.  Así podremos alabarle con nuestro entendimiento y con nuestro espíritu.

Los libros de las Crónicas se refieren también a la capacitación que requiere el servicio al Señor, el honor de servir en un ministerio, entre ellos, en el ministerio musical:

“Y los que eran cantores, jefes de casas paternas de los levitas, estaban en las cámaras, exentos de otros servicios; porque de día y de noche estaban en este quehacer.” (I Crónicas 9:33).

“Y Quenanías, principal de los levitas en la música, fue puesto para dirigir el canto, porque era entendido en ello. “ (I Cónicas 15:22).

“Y los sacerdotes desempeñaban su ministerio; y los levitas con los instrumentos de música de Jehová, los cuales había hecho el rey David para alabar a Jehová, porque su misericordia es para siempre; cuando David alababa por medio de ellos. Asimismo los sacerdotes tocaban trompetas delante de ellos, y todo Israel estaba en pie.” (II Crónicas 7:6).

“Y estos hombres procedían con fidelidad en la obra: y eran sus mayordomos Jahat y Abdías, levitas de los hijos de Merari; y Zacarías y Mesulam de los hijos de Coat, para que activasen la obra; y de los levitas, todos los entendidos en instrumentos de música.” (II Crónicas 34:12)

El panorama que se nos ofrece, es de un grupo de personas disciplinadas, que se dedicaban a su trabajo ministerial, que eran fieles y responsables en cumplir la misión que el Señor les había encomendado, eran entendidos, capacitados en el trabajo que hacían en la obra.  De modo que Pablo nos insta, en su carta a los Efesios a cumplir a cabalidad la función que el Señor nos encargó:

“crezcamos en todas las cosas en aquel que es la cabeza, a saber, Cristo; de quien, todo el cuerpo, bien ajustado y ligado entre sí por todas las coyunturas que lo sustentan, según la función adecuada de cada miembro, crece, edificándose en amor.” (Efesios 4:15-16)

Una de las cosas más comunes y  dolorosas de ver en los miembros del ministerio de adoración de una iglesia, es la soberbia.  Pasar tiempo con Dios y permitir que el Señor haga su obra en nuestros corazones, es lo que nos puede llenar  de humildad, sabiduría, justicia e integridad: “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría.  La integridad de los rectos los encaminará” (Proverbios 11:2-5), “…andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor.” (Efesios 5:8-10).

La capacitación y el desenvolvimiento en un ministerio no deben estar en función de nuestro ego.  El tiempo de adoración musical se trata de Dios, de agradarlo a él, se requiere compromiso en esa búsqueda para que no nos confundamos adorándolo como nos parezca mejor a nosotros.   ¡Busquemos con ansias hacer su voluntad!

escuelademusica@esepa.org

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Keren Rodríguez

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Directora Escuela de música ESEPA
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