20 septiembre, 2018 10:28 am

¿Feminismo o extremismo?

La verdad mezclada con error

Una premisa desde el punto de vista sociológico, que indudablemente permite una vida saludable para los pueblos, es sin lugar a dudas, mantener siempre “el balance”. Todo extremismo terminará tarde o temprano enfermando a la población y la historia comprueba que son este tipo de comportamientos ideológicos, los que han desencadenado episodios tristes y peligrosos para el bien común.

Hoy Costa Rica, se encuentra ante un escenario altamente peligroso, tal como si se caminara en medio de un campo minado, que en el momento menos esperado puede activarse y generar un desastre letal. Este panorama se compone de los extremos que han permeado la sociedad desde tiempo atrás y que en las últimas elecciones presidenciales salieron a relucir con fuerza.

Hoy en día las minorías solicitan que sus derechos sean reconocidos y la discriminación sea eliminada, en medio de un sector gubernamental que abrazó el “triste” extremo de “alcahuetear” ideas totalmente contraproducentes con la realidad social y económica del país, con tal de hacer sentir bien a las minorías.

Aunado a lo anterior, una triste realidad, es la forma en que se volcó la lucha por  establecer los derechos de las mujeres en el país. En un inicio, todo se manejó como corresponde, respondiendo a los datos mundiales que anuncian la desigualdad y el mal manejo de las oportunidades para ambos géneros; sin embargo, tristemente líderes negativos tomaron provecho de este sector vulnerable inyectando una mentalidad torcida de feminismo, que más bien pintó un tinte “feminazi”.

Cuando una persona se encuentra en estado de vulnerabilidad, contiene una alta propensión a ser engañada y necesita un fuerte apoyo para discernir cuál es la verdad que está frente a sus ojos. No es adoptando conductas masculinas, ni echando mano de la violencia que se podrá encontrar la equidad; es luchando, generando acciones y propuestas y si bien es cierto la historia muestra que las luchas siempre se han desarrollado con fuerza, no es la violencia, la opción necesaria, que debe privar antes del diálogo y el sentido común. ¡Que las mujeres despierten! Y reconozcan la posición que Dios les ha entregado diferenciando la verdad en medio del error.


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